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12/09/2006
Así Habló Bakunin.
(El siguiente trabajo de recopilación de citas de Bakunin y los breves comentarios sobre las mismas, fue realizado en mayo de 1921 por el Anarquista ruso Apollon Karelin).
Así Habló Bakunin.
Bakunin dejó tras sí una serie de obras notables en el ámbito de la sociología, de la política y de la filosofía. Su enfoque hasta ahora no ha sido estimado en todo su valor, a pesar de que se adelantó a sus contemporáneos, incluso los más célebres, a pesar de que su admirable inteligencia le inspiró enfoques asombrosos en la actualidad, a pesar de que a muchos y a las generaciones de ahora les corresponde estudiar a Bakunin.
En las partes a continuación, con las palabras del mismo Bakunin, expresamos su visión sobre las cuestiones sociales mas importantes.
Bakunin sobre el Estado
Bakunin demostró que el Estado ,consecuencia de la violencia y la religión, con el desenvolvimiento de la humanidad desaparecerá : "El Estado es una institución histórica, transitoria, una forma pasajera de la sociedad." (Dios y el Estado, p. 95, Buenos Aires, 2004, Madrid, Obras Completas, tomo 4, p. 158)
El Estado es " violencia, una estúpida bravuconada por la violencia ". [retraducido del ruso]
El Estado es "una tutela oficial y regularmente establecida [...] para vigilar y para dirigir [...] el pueblo. " (Dios y el Estado, o. c., p. 40; El imperio knutogermánico o. c, 4, pp. 72-73)
"No teniendo el Estado político otra misión que la de proteger la explotación del trabajo del pueblo por las clases económicamente privilegiadas, el poder del Estado sólo puede ser compatible con la libertad exclusiva de esas clases cuyos intereses representa, y por la misma razón debe ser contrario a la libertad del pueblo. Quien dice Estado o Poder, dice dominación ; pero toda dominación presupone la existencia de masas dominadas." (El imperio o. c., p. 77)
" Todos les Estados son malos en el sentido de que por su naturaleza, o sea por su base, por las condiciones de su existencia, son lo contrario de la justicia, la libertad y la moral humanas. " (Aux compagnons de la Fédération des sections internationales du Jura, 1872)
"Quien dice Estado dice violencia, opresión, explotación, injusticia, convertidas en sistema y otras tantas condiciones fundamentales de la existencia misma de la sociedad. El Estado, señores, nunca tuvo ni podrá tener moral. Su moral y su única justicia es el interés supremo de su conservación y de su omnipotencia, interés ante el cual debe inclinarse lo humano. El Estado es la misma negación de la humanidad. Y lo es dos veces, como lo contrario de la libertad y de la justicia humanas, y como interrupción violenta de la solidaridad universal de la raza humana. " (Aux compagnons de la Fédération des sections internationales du Jura, 1872)
"hay en la naturaleza misma del Estado algo que provoca la rebelión. El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no procura convertir: y siempre que interviene lo hace de muy mala gana; porque su naturaleza no es persuadir, sino imponer, obligar. Por mucho que se esfuerce por enmascarar esa naturaleza como violador legal de la voluntad de los hombres, como negación permanente de su libertad." (Dios y el Estado, o. c., p. 96; El imperio knutogermánico o.c., 4, p. 159)
Sobre el Estado socialdemócrata, Bakunin escribió la siguiente observación, profundamente interesante incluso para hoy en día.
" [Dice Marx] en su célebre Manifiesto del partido comunista [...] " El proletarido debe concentrar todos los instrumentos de produccion en manos del Estado, es decir, del proletariado elevado al rango de clase dominante." [...] Si el proletariado, se pregunta, se convierte en clase dominante, ¿ sobre quién dominará ? Quedará pues otro proletariado que será dominado a esa nueva dominación, a ese nuevo Estado. Ése es el caso, por ejemplo, de la masa campesina que como se sabe, no disfruta de la benevolencia de los marxistas y que, encontrándose en un nivel inferior de cultura, será probablemente gobernada por el proletariado de las ciudades y de las fábricas; [Donde existe el Estado existe inevitablemente la dominación, por consiguiente la esclavitud; el Estado sin la esclavitud - abierta o enmascarada - es imposible: es la razón por la cual somos enemigos del Estado.] " (Estatismo y anarquía, uenoas Aires, 2005, pp. 207-208, 209)
"¿Qué signifie el proletariado "elevado al rango de clase dominante"? ¿Sería el proletariado entero el que se pondrá a la cabeza del gobierno? Hay aproximadamente unos 40 millones de alemanes. ¿Se imagina uno a todos esos millones miembros del gobierno? El pueblo entero gobernará y no habrá gobernados. Pero entonces no habrá gobierno, no habría Estado ; mientras que si no hay Estado, habrá gobernados, habrá esclavos.
Este dilema se resuelve fácilmente en la teoría marxista ; Entienden, por gobierno del pueblo, un gobierno de un pequeño número de representantes emergidos del pueblo. El sufragio universal - el derecho de elección por todo el pueblo de los representantes del pueblo y de los gerentes del Estado -, tal es la última palabra de los marxistas lo mismo que de la minoría dominante, tanto más peligrosa cuanto que aparece como la expresión de la voluntad del pueblo.
Así, pues de cualquier parte que se examine esta cuestión, se llega siempre al mismo triste resultado, al gobierno de la inmensa mayoría de las masas del pueblo por una minoría privilegiada. Pero esa minoría, nos dicen los marxistas, será compuesta de trabajadores. Sí, de antiguos trabajadores, quizá, pero que en cuanto se conviertan en gobernantes o representantes del pueblo cesarán de ser trabajadores y considerarán desde su altura estatista; no representarán ya desde entonces al pueblo sino a sí mismos y a sus pretensiones de querer gobernar al pueblo. El que quiera dudar de ello no sabe nada de la naturaleza humana. " (Estatismo y anarquía, o. c., p. 210)
A menudo nos tocó escuchar hablar de la dictadura del proletariado. Entendemos bien que se trata de la dictadura de aquella gente que pretende dominar las masas populares y Bakunin dio una caracterización de la "dictadura revolucionaria" :
"La única diferencia que existe entre la dictadura revolucionaria y el estatismo no está más que en la forma exterior. En cuanto al fondo, representan ambos el mismo principio de la administración de la mayoría por la minoría en nombre de la pretendida estupidez de la primera y de la pretendida inteligencia de la última. Son por consiguiente igualmente reaccionarias, pues el resultado de una y de otra es la afirmación directa e infalible de los privilegios políticos y económicos de la minoría dirigente y de la esclavitud política y económica de las masas del pueblo. " (Estatismo y anarquía, o. c., p. 162)
"ninguna dictadura puede tener otro objeto que su propia perpetuación y que no es capaz de engendrar y desarrollar en el pueblo que la soporta más que la esclavitud; la libertad no puede ser creada más que por la libertad, es decir, por la rebelión del pueblo y por la organización libre de las masas laboriosas de abajo a arriba. " (Estatismo y anarquía, o. c., p. 211)
En cuanto al Estado parlamentario, constitucional, Bakunin con toda claridad nos desvela su esencia :
"Toda la mentira del sistema representativo descansa en la ficción de que un poder y una cámara legislativa salidos de la elección popular deben absolutamente o hasta pueden representar la voluntad real del pueblo. " (Los osos de Berna y el oso de San Petersburgo, 1870, Madrid, Tomo 4, p. 224, traducción corregida)
"Esa nueva forma estatista, basada en la pretendida dominación de una pretendida voluntad del pueblo que se supone expresada por los pretendidos representantes del pueblo en las reuniones supuestamente populares, reúne en sí las dos condiciones principales necesarias para su progreso: la centralización estatista y la sumisión real del pueblo soberano a la minoría intelectual que lo gobierna, que pretende representarlo y que infaliblemente le explota. " (Estatismo y anarquía, o. c., p. 18)
"Así, ningún Estado, por democráticas que sean sus formas, aun la república política más roja, popular sólo en el sentido mentiroso conocido con el nombre de representación del pueblo, no tendrá fuerza para dar al pueblo lo que desea, es decir la organización libre de sus propios intereses de abajo a arriba, sin ninguna injerencia, tutela o violencia de arriba, porque todo Estado, aunque sea el más republicano y el más democrático, incluso el Estado pseudo-popular, inventado por el señor Marx, no representa, en su esencia, nada más que el gobierno de las masas de arriba a abajo por intermedio de la minoría intelectual, es decir de la más privilegiada, de quien se pretende que comprende y percibe mejor los intereses reales del pueblo que el pueblo mismo. " (Estatismo y anarquía, o. c., p. 31)
Bakunin se convirtió en profeta, diciendo lo siguientes totalmente aplicables, quizás, a la república francesa
"Detestamos la monarquía con todo corazón [...] y estamos convencidos [...] que una gran republica militar, burocratizada et políticamente centralizada, puede convertirse, y necesariamente se convertirá, en una potencia conquistadora en el exterior, opresiva en el interior, y que será incapaz de asegurar a sus súbditos, que se llamarán ciudadanos, el bienestar y la libertad. " (Federalismo, socialismo y antiteologismo, 1867, Madrid, Tomo 3, p. 48, traducción corregida) "El pueblo, en ese sistema, [...] A pesar de su soberanía completamente ficticia, continuará sirviendo de instrumento a pensamientos, a voluntades y por consiguiente también a intereses que no serán los suyos. " (Dios y el Estado, o. c., p. 41 ; El imperio knutogermánico o. c., p. 75)
Bakunin explica más lejos que se aplica en nuestros Estados el sufragio electoral generalizado, bajo el despotismo de los gobiernos parlamentarios, subrayando que el pueblo no saca ninguna ventaja de la aplicación en Rusia de una constitución.
"el sufragio universal, mientras sea ejercido en una sociedad en que el pueblo, la masa de los trabajadores estén económicamente dominado por una minoría detentadora de la propiedad y del capital, por independiente o libre que sea por otra parte o que lo parezca desde el punto de vista político, no podrá nunca producir más que elecciones ilusorias, antidemocráticas y absolutamente opuestas a las necesidades, a los instintos y a la voluntad real de las poblaciones. " (El imperio knutogermánico o. c., tomo 2, p. 68)
Bakunin, con su habitual claridad de pensamiento, previó qué pasaría con los trabajadores que de golpe estuviesen en el parlamento :
"Pero, se dirá, los trabajadores vueltos más sabios por la misma experiencia que hicieron, no enviarán ya los burgueses a las asambleas constituyentes legislativas; enviarán simples obreros. Por pobres que sean, podrán proveer el mantenimiento necesario a sus diputados. ¿Saben ustedes lo que resultará? Los obreros diputados, transportados en las condiciones de existencia burguesa y en una atmósfera de ideas políticas completamente burguesas, cesarán de ser trabajadores de hecho para convertirse en hombres de Estado. Se convertirán en burgueses ellos mismos, y quizás incluso más burgueses que los burgueses mismos. En efecto los hombres no crean las posiciones; son las posiciones, al contrario, las que hacen los hombres. " (Bakunin critica y acción, o. c., p. 67)
"Nunca es tan terrible y fuerte el despotismo de los gobiernos como cuando se apoya en la llamada representación de la llamada voluntad del pueblo." (Estatismo y anarquía, o. c., p. 32)
Para Rusia, Bakunin evocó la escasa posibilidad de una constitución con estas palabras sumamente exactas :
"Es preciso ser imbecil, ignorante o loco para imaginarse que una constitución cualquiera, aun la más liberal y la más democrática, puede mejorar las relaciones del Estado con respecto al pueblo; empeorar la situación, hacerla aún más grávida y ruinosa sería quizá difícil; ¡pero mejorarla es simplemente ridículo!" (Estatismo y anarquía, o. c., p. 75)
Comparando el despotismo ruso al parlamentarismo occidental, Bakunin apuntó :
" El imperio de los zares hace cínicamente lo que cumplen los demás con hipocresía. El imperio de los zares, con su sincero modo despótico y desdeñoso de la humanidad, es el secreto ideal al que tienden y admiran todos los estadistas." (Aux compagnons de la Fédération des sections internationales du Jura, 1872)
El poder y las leyes
" Es preciso abolir completamente, en los principios y en los hechos, todo lo que se llama poder político; porque mientras exista el poder político, habrá dominadores y dominados, amos y esclavos, explotadores y explotados. Una vez abolido el poder, es preciso sustituirlo por la organización de las fuerzas productivas y los servicios económicos.". (Los osos de Berna o. c., p. 226, traducción corregida)
"en tanto que la humanidad esté repartida en minoría de explotadores y en mayoría de explotados, la libertad es imposible y se convierte en una mentira. " (Estatismo y anarquía, o. c., p. 220, Buenos Aires, 2005)
" En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiada, patentada, oficial y legal, incluso originada en el sufragio universal, convencidos de que éstas sólo podrían redundar en beneficio de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría supeditada. " (Dios y el Estado, o. c., pp. 36-37 ; El imperio knutogermánico, o. c., p. 69)
" todo poder político, cualquiera que sea su origen y su forma, tiende necesariamente a despotismo." (Los osos de Berna o. c., p. 223)
"El hombre privilegiado, sea política, sea económicamente, es un hombre intelectual y moralmente depravado. " (Dios y el Estado, o. c., p. 30 ; El imperio knutogermánico, o. c., p. 65)
"Por tanto, nada de legislación exterior y de legislación interior, pues por otra parte una es inseparable de la otra, y ambas tienden al sometimiento de la sociedad y al embrutecimiento de los legisladores mismos." (Dios y el Estado, o. c., p. 33 ; El imperio knutogermánico o. c., p. 66)
" El principio de autoridad, aplicado a los hombres que han pasado o llegado a la edad de la mayoría, se transforma en una monstruosidad, en una negación flagrante de la humanidad, en una fuente de esclavitud y de depravación intelectual y moral." (Dios y el estado o. c ., p. 32)
Bakunin y las organizaciones obreras
Bakunin era un partidario convencido de la lucha los sindicatos de trabajadores en contra de la explotación burguesa.
La aparición de sindicatos revolucionarios, " trabajadores del mundo industrial ", el acercamiento hacia la revolución de los sindicatos ingleses - trade union - demuestra que Bakunin tenía razón al subrayar que la unión de los trabajadores permite reconocer los principios de la Internacional.
"en cuanto un obrero pisa este terreno, toma confianza tanto en su derecho como en su fuerza numérica, se compromete con sus compañeros de trabajo en una lucha solidaria contra la explotación burguesa. Así él será necesariamente llevado por la fuerza misma de las cosas y por el desarrollo de esa lucha a reconocer pronto todos los principios políticos, socialistas y filosóficos de la Internacional. Principios que no son, en efecto, nada más que la justa exposición de su punto de partida, de su fin. [...] Desde el punto de vista político y social, ellos tienen por consecuencia necesaria la abolición de clases y por ello la abolición de la burguesía que es hoy la clase dominante ; así como la abolición de todos los Estados territoriales, de todas las patrias políticas y sobre su ruina, el establecimiento de la gran federación internacional de todos sus grupos productivos nacionales y locales." (Bakunin critica y acción, o. c., p. 87)
"Por mi nacimiento y mi situación personal, por supuesto que no por mis simpatías y tendencias, soy únicamente un burgués, y como tal, entre ustedes no puedo hacer sino propaganda teórica. Por ahora, tengo la convicción de que ya terminó el tiempo de los grandes discursos teóricos, impresos o dictados. Durante los nueve años pasados, se desarrollaron en el seno de la Internacional más ideas de las que bastarían para salvar el mundo. [...] los tiempos ya no son para las ideas, sino para los hechos y los actos. Ante todo es preciso hoy por hoy organizar las fuerzas del proletariado. Pero esta organización debe ser obra del mismo proletariado. De ser yo más joven, me iría a vivir en un medio operario, y compartiendo la vida trabajadora de mis hermanos, habría participado también con ellos en la gran tarea de aquella necesaria organización. " (Carta de despedida a los revolucionarios, Lettre aux compagnons de la fédération jurassienne, 1873)
Bakunin sobre la revolución
La revolución tal como la entendemos deberá desde el primer día destruir radical y completamente el Estado y todas las instituciones estatales. Las consecuencias naturales y necesarias de esta destrucción serán : a) la bancarrota del Estado; b) el cese de pago de las deudas privadas por la intervención del Estado, dejando a cada deudor el derecho de pagar las suyas si así lo desea; c) el cese de pago de cualquier impuesto y deducción automática de todas las contribuciones, sean directas o indirectas; d) la disolución del ejército, de la magistratura, de la burocracia, de la policía y de los sacerdotes; e) la abolición de la justicia oficial, la suspensión de todo lo que jurídicañente se llamaba el derecho [...] Por consiguiente abolición y auto de fe de todos los títulos de propiedad, actos de herencia, de venta, de donación, de todos los procesos, de todo el papeleo jurídico y civil en una palabra. Por doquier y para todo el hecho revolucionario, en lugar del derecho creado y garantizado por el Estado; f) la confiscación de los capitales productivos e instrumentos de trabajo beneficio de las asociaciones de trabajadores, que tendrán que hacerlas producir colectivamente; g) la confiscación de todas las propiedades de la Iglesia y del Estado, de los metales preciosos de los individuos en beneficio de la Alianza federativa de todas las asociaciones obreras - Alianza que constiturá la Comuna. Como respuesta a los bienes requisados la Comuna dará lo estrictamente necesario a todos los individuos así despojados, quienes podrán más tarde con su propio trabajo ganar ñás si lo pueden y lo desean. [...] Para hacer una revolución radical, es preciso pues atacarse a las posiciones y a las cosas, destruir la propiedad y el Estado, y entonces no se necesitará destruir a los hombres, y condenerase a la reacción infalible e inevitable que nunca dejó y no dejará jamás de producir ens cada sociedad la masacre de los hombres. (Statuts secrets de l'Alliance: Programme et objet de l'organisation révolutionnaire des Frères internationaux 1868)
"Cuando en la sociedad existe bastante motivo para la revolución, ninguna fuerza humana puede impedir que brote esta revolución. Si el gobierno y las clases privilegiadas se esfuerzan en obstaculizarla, estas tentativas le dan fuerza a la revolución, estas reacciones, quizás exitosas por el pasado, sólo permiten la formación de las ideas revolucionarias, sólo enseñan realmente la vía de la revolución, que alimentan de por sí los instintos revolucionarios, que, tal vez,sehabía buscado tanto tiempo en vano." [retraducido del ruso]
" No se improvisan las revoluciones. No se hacen arbitrariamente ni por los individuos ni siquiera por las asociaciones más poderosas. Independientemente de toda voluntad y de toda conspiración, están siempre traídas por la fuerza de los eventos. Se puede preverlas, presentir la aproximación a veces, pero nunca acelerar su explosión. " (Bakunin critica y acción, o. c. p. 100)
" Es éste un signo infalible por el cual los obreros pueden reconocer un falso socialista, un socialista burgués. Si en lugar de hablar de revolución o si se quiere de transformación social, él les dice que la transformación política debe preceder la transformación económica ; si niega que ellas deben hacerse las dos a la vez o incluso que la revolución política no debe ser otra cosa que la puesta en acción inmediata y directa de la plena y entera liquidación social, que el obrero le dé la espalda pues o es un tonto, o un hipócrita explotador. " (Bakunin critica y acción, o. c., p. 67)
Bakunin y la religion
"Todas las religiones, con sus dioses, sus semidioses y sus profetas, sus mesías y sus santos, han sido creadas por la fantasía crédula de los hombres, no llegados aún al pleno desenvolvimiento y a la plena posesión de sus facultades intelectuales." (Dios y el Estado, o. c., p. 26 ; El imperio knutogermánico o. c., 4, p. 58)
" Esclavos de dios, los hombres deben serlo también de la iglesia y del Estado, en tanto que este último es consagrado por la iglesia. " (Dios y el Estado, o. c., p. 27 ; El imperio knutogermánico o. c., 4, p. 59)
" No sin razón, el Gobierno considera la fe en dios como una condición imprescindible de su autoridad." [retraducido del ruso]
"Hay una categoría de gentes que, si no cree, debe al menos aparentar que cree. Son todos los atormentadores, todos los opresores y todos los explotadores de la humanidad. Sacerdotes, monarcas, hombres de Estado, hombres de guerra, financistas públicos y privados, funcionarios de todas las especies, policías, carceleros y verdugos, monopolizadores, capitalistas, empresarios y propietarios, abogados, economistas, políticos de todos los colores, hasta el último comerciante, todos repetirán al unísono estas palabras de Voltaire: Si dios no existiese habría que inventarlo. Porque, comprenderéis, es preciso una religión para el pueblo. Eso es la válvula de seguridad." (Dios y el Estado, o. c., p. 20 ; El imperio knutogermánico o. c., 4, p. 52)
Algunos pensamientos de Bakunin
"Puesto que siempre y por todas partes una sociedad severa fue la única razón de los crímenes, el castigo de los delincuentes sólo es hipocresía o un evidente disparate de parte de la sociedad, puesto que cada castigo supone la culpabilidad, el delincuente nunca resulta culpable. " [retraducido del ruso]
" La libertad, la moral, la instrucción y el bien de cada uno a través de la solidaridad de todos conforman la fraternidad humana. " [retraducido del ruso]
De los alemanes escribió Bakunin las líneas siguientes : " Y esos mismos escritores socialistas que truenan contra la burguesía, son burgueses de los pies a la cabeza, propagandistas, apóstoles de la poítica burguesa, y por una consecuencia necesaria, muy a menudo sin saberlo y sin quererlo, los defensores de los intereses de la burguesía contra el proletariado. " (Carta a un francés, o. c., I, p. 79)
"Los campesinos no son haraganes sino rudos trabajadores como ellos [los obreros]. Pero trabajan en condiciones distintas. Eso es todo. En presencia del burgués explotado, el obrero debe sentirse el hermano del campesino. " (Carta a un francés, o. c., I, p. 128, traducción corregida)
" ¡ Abajo todos los explotadores y todos los tutores de la humanidad ; libertad y prosperidad al trabajo, igualdad de todos y fraternidad del mundo humano, constituido libremente sobre las ruinas de todos los Estados!" [Grito de los campesinos insurrectos alemanes en 1517-1525]
(El imperio o. c., 2, p. 152) [Grito de los campesinos insurrectos alemanes en 1517-1525]
Así hablaba Bakunin.
Así habló el gran revolucionario ruso.
Вuenos Aires, mayo de 1921
130 años de Vigencia del Pensamiento Bakunianista.
Resumido Esbozo Biográfico
Se acaban de cumplir 130 años de la muerte de nuestro mayor referente, Mijail Bakunin. Nacido en mayo de 1814 en Rusia, desertor del ejército a causa de sus convicciones políticas, traductor de Fichte y Hegel entre otros, uno de los más grandes revolucionarios de su siglo.
Fue un hegeliano de izquierda en su juventud, en 1844 conoce a Marx y a Proudhon en París y es esta etapa la de su transformación del idealismo hegeliano al materialismo dialéctico (al año siguiente escribe a su hermano "he roto completamente con la metafísica y me entrego al mundo práctico de la vida real").
En 1849 es condenado a muerte por su protagonismo en la insurrección de Dresde, deportado a Rusia, encerrado en la fortaleza de Pedro y Pablo y luego deportado a Siberia, de donde escapa en 1861 y dando la vuelta al mundo logra volver a Europa. Durante todo este período su salud empeora considerablemente, pero a pesar de esto desarrolla una incansable actividad revolucionaria que lo lleva a construir desde Italia -en 1865- la Fraternidad Internacional Revolucionaria, forjada al calor de las luchas contra el patriotismo Mazziniano en Italia, con una clara finalidad socialista y revolucionaria que se expresa en párrafos de su programa, como el siguiente: "... esta revolución, cuyo fin único y supremo es la emancipación real, política económica y social del pueblo (...) sólo podrá hacerse en último término por el pueblo" "... la revolución social necesariamente se convertirá en una revolución europea y mundial."
Luego, según nos dice Max Nettlau -biografo de Bakunin, Obras Vol III, Júcar- en enero de 1924: "el congreso fundador de la Liga de la Paz y de la Libertad, le dio una ocasión para volver a la vida política europea. No creía de ningún modo en los burgueses republicanos reunidos en gran congreso, pero teína gran interés en extender sus relaciones íntimas, disimuladas en la forma nominal de sociedad secreta (...) entre los jóvenes, inspirados por el socialismo y el ateísmo... Se critica a menudo el hecho de que no entrase directamente en la Internacional. Había oído hablar de la Internacional (...) por parte de Marx mismo -pero- sabiéndose separado de Marx por una diversidad de opinión sobre autoridad y libertad absolutas (...) no se apresuró a entrar en ese medio en que sentía una fuerza enemiga poderosa. Pero cuando después de un corto tiempo, nueve meses, le pareció llegada la hora de entrar en la Internacional, lo hizo y se entregó a ella en cuerpo y alma (en julio de 1868)" pero no sin antes haber formado, durante las sucesivas luchas ideológicas contra el carácter burgués y reformista de la Liga de la Paz y de la Libertad, la Alianza de la Democracia Socialista.
Agrupación secreta y revolucionaria, la Alianza, tuvo sin duda, como ariete programático contra el centrismo marxista y para penetrar en la AIT, la reivindicación de la Revolución Social y sus métodos, en oposición a la teoría de la Revolución política. En su programa, se sostiene que: "rehusando absolutamente toda alianza reaccionaria, rechaza también toda acción política que no tuviera por fin inmediato y directo el triunfo de la causa de los trabajadores contra el capital."
Esta incansable actividad se desarrollo, al mismo tiempo, al calor de su activa participación y la de sus círculos de influencia, en los preparativos clandestinos para la insurrección polaca, en la Comuna de París, en la insurrección española del `73 y en la insurrección italiana del '74, además de con el mantenimiento de una dilatada correspondencia con las principales figuras del socialismo de la época.
Participa activamente de la Primera Internacional desde 1868 hasta su escisión en 1872. Dicha ruptura es provocada por la intensa y sistemática política de intrigas y calumnias por parte del grupo de Marx hacia la figura de Bakunin y hacia sus seguidores (tal como fue admitido más tarde por el marxista Bernstein), que resultó en la expulsión de Bakunin y Guillaume de la Organización, lo que no fue nefasto solamente para Bakunin como individuo y militante, sino que contribuyó grandemente a debilitar al movimiento obrero internacional, definiendo la ruptura de la AIT.
Estas intrigas fueron el funesto resultado de la política sectaria del marxismo que, tras 4 congresos (Ginebra, Lausana, Bruselas y Basilea) de fracasos y francas derrotas en su pretensión de ponerle a la Internacional la estampa de organización política, lanzo un golpe palaciego descrito de esta forma por Bakunin: "A partir de septiembre de 1869 el Consejo General -o mejor, Marx, quos ego de ese pobre consejo-, saliendo de la obligada y saludable somnolencia respecto de la internacional, emprendió una política militante (...) Fue un torrente de injurias innobles y de calumnias odiosas proferidas contra todos aquellos que se habían atrevido a combatirle (...) Vino a continuación la conferencia de Londres (Septiembre de 1871) que, preparada por Marx con su larga mano, votó todo lo que él quiso (...) Al haber sido puesto en cuestión la legitimidad de esta Conferencia, Marx, prestidigitador político muy hábil (...) organizó su Congreso de La Haya. Apenas dos meses han pasado desde ese Congreso y en toda Europa (...) en todas las Federaciones libres, belga, holandesa, inglesa, americana, francesa, española, italiana, sin olvidar nuestra excelente Federación del Jura, no hay más que un grito de indignación y desprecio contra esa cínica comedia a la que se osa disfrazar con el nombre de Congreso de la Internacional. Gracias a una mayoría ficticia." (Escrito Contra Marx, Bakunin, Diciembre 1872)
Reproduciremos, para dar una mayor certeza al lector sobre las repercusiones del Congreso de la Haya, la elocuente e indignada protesta de la sección española de la Internacional:
"Aprovechamos esta ocasión para protestar enérgicamente, tal como ya hicimos en el Congreso de La Haya, no solamente contra las conclusiones inquisitoriales de una comisión que, cobardemente, jesuíticamente, en un fallo lleno de contradicciones impúdicas, lanza la difamación contra compañeros honorables, inteligentes, conocidos por el mundo obrero como devotos de la causa y que hoy apreciamos más que nunca, sino también contra el derecho ridículo que se ha arrogado esta misma comisión de proponer a esta mayoría preparada por adelantado, su expulsión de la internacional.
Habíamos aceptado esta comisión porque nunca pudimos sospechar que en el seno de la Internacional hubiera adversarios que fueran capaces de rebajarse hasta la deshonestidad, y porque, habiendo conservado un resto de confianza en la lealtad de los partidarios de la dictadura en la Internacional, no podíamos esperar semejante engaño. Pero ahora debemos protestar, frente al mundo entero, contra las miserables intrigas que nuestros pretendientes al poder emplean contra los que se oponen a su dominio.
(Delegados de la Federación Regional española a `La Liberté´, 18/09/1872)
En 1875, enfermo, en medio de la reacción generalizada que se impone tras la derrota de la Comuna de París, el fracaso de las insurrecciones de Praga (actual República Checa), España, el levantamiento frustrado de Bolonia (Italia) y el recrudecimiento del militarismo en Alemania y Francia, escribe a Reclus "La Revolución se ha metido, de momento, en cama".
En 1874 Bakunin se retira a Lugano, acabado por el asma y la artritis, que no le permitían dormir a no ser que fuera sentado. El 1º de julio de 1876 muere en Berna, Suiza, dejando un legado que mantiene extraordinaria vigencia aún luego de 130 años.
Nuestra Defensa del Pensamiento Bakunianista
El presente trabajo es un resumen, adaptado a las limitaciones materiales que se imponen en todo trabajo impreso -que sólo cuenta con el apoyo y respaldo de quienes militamos en la trinchera de la Revolución- del folleto que nos hemos dispuesto editar los Compañeros del CEM Bakunin como homenaje a la vida y obra del Gran Revolucionario Internacionalista "Miguel Bakunin".
Agradecemos el apoyo y la invitación a redactarlo que nos han dispensado nuestros hermanos de trinchera de la Alianza Comunista Libertaria de México, y aclaramos que no es nuestro objetivo lanzar al mundo una nueva biografía mistificante de la gran contribución del compañero aquí homenajeado, a la organización y orientación finalista del sujeto obrero. Nos proponemos defender al Bakunianismo de la única manera que nos parece correcta y posible, contrastándolo a la luz de las experiencias histórica con las demás tendencias que se adjudican o militan por la elaboración del programa obrero revolucionario.
Entre la amplia gama de temáticas, a veces un tanto desorganizadas y amplias, que ha abordado el compañero Bakunin, trataremos concisamente las referentes a su método filosófico, la Organización de Masas y la Revolucionaria y la Estrategia Obrera, que son sólo algunas -presentadas resumidamente- de las encaradas en el folleto completo...
Pues bien, para iniciar esta tarea podríamos comenzar diciendo que la historia es dialéctica porque avanza a fuerza de negaciones, todo momento histórico necesita quebrarse para dar paso a uno nuevo, superador del anterior. Esto aplicado desde una visión materialista de la historia lo entendemos como una forma de comprender críticamente la realidad social partiendo del estudio de las relaciones materiales que rigen las relaciones humanas.
Bakunin desarrolla sobre las bases de este método, denominado dialéctica materialista o materialismo histórico, su comprensión del mundo como una dinámica realidad material y en permanente desarrollo. Así es que nos dice que: "En cuanto materialistas y deterministas como el propio Marx, reconocemos el encadenamiento de los hechos económicos y políticos de la historia. Reconocemos la necesidad, el carácter inevitable de los hechos que suceden, pero no nos inclinamos indiferentes ante ellos, y sobre todo nos guardamos de alabarlos y admirarlos cuando, por su naturaleza, se muestran en oposición flagrante con el fin supremo de la historia, con el ideal hondamente humano que se encuentra, bajo formas más o menos manifiestas, en los instintos, en las aspiraciones populares y bajo los símbolos religiosos de todas las épocas, porque es inherente a la raza humana, la mas sociable de todas las razas animales de la tierra. Este fin, este ideal, hoy mejor perfilado que nunca, puede resumirse en estas palabras: es el triunfo de la humanidad (...)"
Por esto nos encontramos en total oposición con quienes parten del estudio de la historia a través del desarrollo de las ideas, Bakunin afirma en Dios y el Estado que: "Sin duda alguna los idealistas se engañan y solo los materialistas tienen razón. Sí, los hechos están antes que las ideas; el ideal, como dijo Proudhon, no es más que una flor de la cual son raíces las condiciones materiales de existencia. Toda la historia intelectual y moral, política y social de la humanidad es un reflejo de su historia económica". No puede haber una real emancipación sin un cambio dramático de las formas de producción. Lo económico determina lo político.
"La solidaridad social es la primera ley humana, la libertad es la segunda. Ambas leyes se interpenetran y siendo inseparables, constituyen la esencia de la humanidad. En consecuencia, la libertad no es la negación de la solidaridad; al contrario, representa el desarrollo y, por así decirlo, la humanización de esta última (...) "(...) puesto que la libertad es el resultado y la expresión más clara de la solidaridad -es decir de la reciprocidad de intereses-, solo puede ser realizada en condiciones de igualdad. La igualdad económica y social. Y la justicia es precisamente la realización de la libertad a través de dicha igualdad" (El programa de la Alianza para la Revolución Internacional)
Según los bakunianistas, la conciencia individual no puede sustraerse del medio social en que se desarrolla. Según esta perspectiva, los anarquistas son el resultado negativo de la explotación capitalista en particular. Somos, ante todo, anticapitalistas y el anarquismo revolucionario es la plataforma doctrinaria según la cual criticamos y combatimos la sociedad burguesa, aspirando a un cambio social revolucionario, aún más o menos incierto en sus resultados, que acabe con la organización social histórica de las clases.
"(...) para hacer morales a los hombres, es necesario hacer moral su medio social(...) La desigualdad de condiciones y derechos, y la falta de libertad resultante para todos los individuos, es la gran inequidad que justifica todas las inequidades individuales. Suprímase esta fuente de inequidades, y todas las demás se desvanecerán junto a ella(...)"
(Educación Integral Vol. V, Ed. Francesa)
Las raíces sociales de nuestro programa están en la forma y contenido que le da un cierto sujeto histórico que, partiendo de sus condiciones materiales, tiene la capacidad colectiva de acabar con la Clase Burguesa. Nos referimos al sujeto obrero, que encierra en sí las bases y principios de nuestro programa revolucionario y finalidad.
Bakunin siempre defendió la existencia de una contradicción entre las luchas gremiales de la clase trabajadora y sus tendencias políticas/revolucionarias. Solo coincidiendo abiertamente estas en la marcha de la lucha de clases y como premisa de la revolución social. Pero nunca en el período preparatorio, en los que los revolucionarios deberán evitar embarrar el camino de la cohesión económica/gremial (reformista) de la clase trabajadora con debates finalistas. La organización revolucionaria debe interactuar con el movimiento obrero buscando orientarlo lo más correctamente por la vía de su unidad. Primero, y detrás de las banderas de la revolución social, después, previniéndolo del reformismo (pues una cosa es quemar las etapas reformistas en la constitución del movimiento y otra es hacer profesión de fe en el reformismo como salida finalista o solución).
Bakunin prestándole atención a las condiciones especificas y reales de las masas y siendo militante de la primera internacional planteaba: "ha habido una razón más para eliminar de entrada en el programa de la internacional, no como objeto de discusión y de estudio, sino en tanto como obligatoria, a toda tendencia política. Hasta ahora, desde el comienzo de la historia, no ha existido una política del pueblo(...) Solo ha habido la política de las clases privilegiadas; estas clases se sirvieron de la fuerza muscular del pueblo para destronarse mutuamente y para ponerse una en lugar de la otra ¿Qué tuvo que hacer la internacional? Primero, tuvo que apartar a las masas obreras de toda política burguesa, eliminar de su programa todos los programas políticos burgueses(...) La internacional tuvo, pues, que comenzar por despejar el terreno, desde el punto de vista de la emancipación del trabajo(...) Los fundadores de la AIT asignaron primero, como único fundamento, la lucha exclusivamente económica del trabajo contra el capital, por cuanto tenían la certeza de que, desde el momento en que el obrero pone los pies en ese terreno(...) se vera necesariamente conducido, pro las fuerzas misma de las cosas y por el desarrollo de esa lucha, a reconocer pronto todos los principios políticos, sociales y filosóficos de la internacional(...)"
(Política de la Internacional)
La Organización Revolucionaria, según la concepción anarquista revolucionaria de Bakunin debe ser dinámica, crítica y autocrítica. Debe fundamentarse sobre los principios de la democracia obrera, según la cuál se establecen "las leyes" y programa que rigen su actividad. La Organización lo es todo, el individuo no es más que el resto y debe hallar en ésta el espacio para sus convicciones individuales.
Se debe lograr la construcción de una herramienta colectiva y revolucionaria en la cuál el disenso y la finalidad revolucionaria sean los pilares democráticos donde se fundan los esfuerzos individuales y socialistas.
Así declaraba en el Programa para la Fraternidad Internacional Revolucionaria: "... una asociación cuyo fin sea revolucionario debe necesariamente constituirse como sociedad secreta, y toda sociedad secreta, dado el interés de la causa a la que sirve y la eficacia de su acción, así como la seguridad de cada uno de sus miembros, debe estar sometida a una fuerte disciplina, lo cual, por otra parte no es más que el resumen y el puro resultado del compromiso que todos los miembros han establecido los unos en relación con los otros."
"...Los revolucionarios serios de todos los países organizados en asociación al mismo tiempo pública y secreta, (deben unirse) con el doble objetivo de ampliar el campo revolucionario, y de preparar al mismo tiempo un movimiento idéntico y simultáneo en todos los países donde el movimiento sea en un primer momento posible...."
"Creemos que no es necesario demostrar que la emancipación económica de los trabajadores es imposible bajo la organización política, jurídica, religiosa y social dominante en la actualidad en la mayoría de los países civilizados, y que por consiguiente para llevar esta tarea a completo término será necesario destruir todas las instituciones existentes (...,) que no son sino fortalezas erigidas por las clases privilegiadas contra el proletariado. Y no es posible destruirlas en un país, deben ser destruidas en todos los países. Desde la formación de los estados modernos (...) ha existido una creciente solidaridad entre esas instituciones- por encima de las fronteras nacionales- y una poderosa alianza internacional".
Consideramos que lo esencial de lo expuesto es el carácter imprescindible de la lucha de Clases bajo el sistema Capital/Imperialista, que ésta se desarrolla "principalmente", por el cauce de la organización económica de la sociedad, que es la base de todas las demás expresiones sociales. Se sobre entiende, entonces, que para los Bakunianistas la lucha principal es la económica y las demás, lejos de ser sus paralelas o revestir la misma importancia deben subordinarse a esta si aspiran lograr una finalidad revolucionaria... de otra forma están condenadas al eterno reformismo y se vuelven funcionales al sistema explotador.
Los anarquistas revolucionarios sostenemos que el grillete económico impuesto por la lucha de Clases y la Burguesía a los explotados actúa como frontera para el desarrollo de todas las luchas mínimas que éstos deben dar. El Capitalismo no se encuentra solamente expresado en la anatomía de la Clase Capitalista sino que se ha enterrado hasta la médula de todas las demás Clases que lo componen y aún derrotada la Burguesía, sus males (sus efectos sociales sobre la humanidad) deberán seguir siendo atacados hasta ser acabados por la nueva organización social comunista: ... ¡Solo entonces habremos acabado con el Capitalismo! De abajo hacia arriba, por el concurso de la libre federación y planificación democrática y social de la economía.
Finalizando este esbozo de la doctrina Bakunianista, transcribiremos algunas citas concernientes al método o táctica en la estrategia revolucionaria de nuestra tendencia. Como el lector podrá observar, éstas suponen todo lo antes leído (materialismo histórico, dialéctica, lucha de Clases, etc.) pero incluyen también conceptos clave como el de la "anarquía económica capitalista", transformación de la lucha reformista en revolucionaria o la premisa dialéctica de la transformación de la cantidad en calidad (una forma de la ley de la negación de negación). Leamos:
"Las huelgas siguen extendiéndose en la medida de nuestro avance. ¿Qué significa esto? Significa que la lucha entre el trabajo y el capital se acentúa cada vez más, que la anarquía económica crece cada día, y que caminamos con pasos de gigante hacia el punto final inevitable de esta anarquía, hacia la revolución social (...) Por lo tanto, se puede esperar que el nuevo orden social emergerá más bien del exceso mismo de la anarquía actual."
(La Organización y la Huelga General)
"Sí, las huelgas tienen un enorme valor; crean, organizan y forman un ejército de trabajadores, un ejército destinado a romper el poder de la burguesía y el Estado y a asentar las bases para un nuevo mundo".
(Alianza Revolucionaria Mundial de la Democracia Social)
130 años han pasado desde que el Gran Revolucionario Internacionalista aquí homenajeado, dejo de integrar la trinchera obrera y revolucionaria legándonos un vasto trabajo ideológico, pero vemos que a nuestro lado nuevamente la Revolución está despertando, florecen las insurrecciones populares y se nos presenta ya no la voluntad sino la imperiosa necesidad de que el pensamiento de Bakunin no se pierda, que sus textos se vuelvan a debatir dentro del campo libertario y antiautoritario. Este texto no es la apología fanática de la figura de Mijail Bakunin (su pensamiento no está exento de envejecimiento) sino que aspira a reivindicar la parte de éste que mantiene todo su vigor: su esencia anticapitalista.
Darle nuevos bríos a la luz de nuestra experiencia actual, pues el capitalismo y las relaciones sociales de producción que lo sostienen y que el compañero denunció a través de su doctrina siguen en pie... ¡Esa es la tarea de los Anarquistas Revolucionarios!.
Este es nuestro aporte al debate sobre un período que se abre delante nuestro, una etapa de fortalecimiento de nuestra práctica y nuestra teoría revolucionarias. Por el Internacionalismo y la Revolución Social: ¡Viva el Anarquismo Revolucionario! ¡Arriba la Clase Trabajadora!
Centro de Estudios "Miguel Bakunin"
15/09/2006
1876 - 2006; 130 años después, la contribución revolucionaria de Bakunin sigue viva.
Una inmensa voluntad inquebrantable al servicio de la emancipación popular y una no menos inmensa pasión por la libertad, eran características que sin duda, definían la personalidad del gran pensador y revolucionario ruso Mijail Bakunin. Pero además, contaba con un profundo sentimiento de honestidad y humildad que le permitía admirar y reconocer públicamente la brillantez e inteligencia de algunos de sus propios adversarios políticos, a pesar de haber sido victima de calumnias e intrigas cobardes por parte de algunos de ellos. Y es que el único interés que motivaba sus acciones y pensamientos, era el de aportar, en la medida de sus posibilidades, a construir una sociedad sobre nuevas bases sociales, que permitieran el verdadero enlace armónico con los principios naturales de la humanidad, los cuales, no pueden ser realmente consagrados en un entorno caracterizado por las contradicciones y el choque de intereses entre las clases. Bakunin comprendió, que la victoria de la civilización, que el avance optimo del desarrollo de las relaciones humanas, solo podía plasmarse en la realidad mediante el triunfo de los explotados contra los explotadores; mediante el triunfo de la Revolución Social.
Bakunin nos enseñó, entre otras cosas, que la emancipación de las masas populares de la opresión capitalista, debía darse por medio de la participación directa de los explotados, por la construcción del movimiento revolucionario desde las bases, mediante sus propios organismos de lucha, horizontales y anti-autoritarios, es decir, Bakunin apostaba por la libertad y depositaba muy poca confianza en entregar a una minoría el poder político, para que estos "liberasen" a los demás. Ese es el eje de la confrontación entre Bakunin y Marx; el primero, además de querer acabar con el privilegio económico, producto de la propiedad privada, deseaba que también fuese derribado el poder político y crear, en oposición a este, un poder popular centrado en la asamblea, en la federación; mientras el segundo se esforzaba por conquistar el poder político para desde ahí establecer medidas que acabasen con la explotación. El resultado todos lo conocemos, el ruso Bakunin estaba acertado en su análisis sobre el programa estatal de los marxistas, casi 50 años antes del triunfo del bolchevismo en Rusia, Bakunin había predicho que si la revolución era conducida por el rumbo del estatismo, los jefes del estado acabarían por convertirse en una burocracia roja, tan autoritaria, déspota y explotadora, que aplastaría y dominaría al proletariado tal cual la clase burguesa.
He ahí la importancia de rescatar y poner bien en alto las ideas revolucionarias de Bakunin, que lamentablemente, nunca han alcanzado una difusión idónea, pero que sin duda, son ideas que necesitan ser llevadas a quienes tienen el poder de aplicarlas, es necesario hacérselas llegar al proletariado y a su vanguardia. Es urgente, de igual modo, y utilizando como medio principal los pensamientos de Bakunin, dar una lucha contra las tendencias liberales pequeñoburguesas que inundan nuestro campo autodenominandose anarquistas, pero que se evidencia, en la primera oportunidad, que jamás han hecho la lectura del ideario Bakuninista. Esta lucha contra ese tipo de tendencias, nos permitirá encauzar hacia un rumbo realmente revolucionario, a la cada vez mas numerosa cantidad de jóvenes que se interesan por nuestra línea, como producto del amplio descontento desatado por la opresión imperialista que subsume pueblos enteros en la miseria, pero que a falta del conocimiento y la difusión del pensamiento Bakuninista, son conducidos hacia un "anarquismo" amorfo y sin un programa clasista, impotente de responder a las tareas revolucionarias.
Y no solo es necesario llevar con orgullo el material literario de Bakunin, (que los acontecimientos históricos nos han demostrado lo acertado que son y la validez total para su aplicación en la actualidad) sino armarnos, igualmente, de su temple revolucionario, con el que iba de esquina en esquina por las calles italianas de los barrios obreros, hablando del socialismo revolucionario, incitando a la revolución y organizando a los trabajadores y a los jóvenes revolucionarios de la época.
Bakunin fue un hombre que trabajó por la causa de la humanidad, que entregó sus mayores esfuerzos y sacrificios en nombre de la construcción de una democracia obrera y socialista, lamentablemente, sus pensamientos no han sido llevados exitosamente a la realidad y su ideario ha sido cobardemente falsificado tanto por las fuerzas burguesas, como por la izquierda autoritaria, pero los Anarquistas Revolucionarios no tenemos tiempo para lamentarnos, sino para seguir luchando por los mismos fines por los que lucho Bakunin, ya que el mejor homenaje que le podemos hacer a tan importante revolucionario, es el de continuar con el trabajo que él algún día comenzó, el de encaminar nuestras ideas y acciones hacia la destrucción revolucionaria de la sociedad capitalista y la construcción de una mas avanzada y justa en el Socialismo Libertario.
La Lucha Contra el Estado.
Nestor Makhnó
El hecho de que el Estado moderno sea una forma organizativa autoritaria sustentada en la arbitrariedad y la violencia sobre la vida social de los trabajadores es independiente de que sea "burgués" o "proletario". Descansa sobre el centralismo opresivo, surgido de la violencia directa de una minoría sobre una mayoría. Los resortes del Estado para imponer y
fortalecer la legalidad de su sistema no son sólo las armas y el dinero, sino también potentes armas de manipulación psicológica. Con la ayuda de tales armas, un reducido grupo de políticos ejerce su represión psicológica sobre toda la sociedad y, en particular, sobre las masas laboriosas, condicionándolas para que desvíen su atención de la esclavitud instituida por el Estado.
Por eso debemos tener claro que si queremos combatir la violencia organizada del Estado moderno debemos adoptar armas poderosas, adecuadas a la magnitud de la tarea.
Hasta ahora, los métodos de intervención social usados por la clase trabajadora revolucionaria frente al poder de los opresores y explotadores (el Estado y el capital) en conformidad con las ideas libertarias, fueron insuficientes para llevarla a la victoria.
Ha pasado alguna vez que los trabajadores han vencido al capital, pero la victoria les ha sido arrebatada porque algún poder estatal ha surgido, uniendo los intereses del capital privado y del capitalismo de Estado para triunfar sobre los trabajadores.
La experiencia de la revolución rusa ha expuesto claramente nuestros defectos en este sentido. No debemos olvidarlo, sino ponernos a identificar cuáles han sido esas deficiencias.
Debemos reconocer que nuestra lucha frente al Estado durante la revolución rusa tuvo gran relevancia, a pesar de nuestra desorganización: tuvo gran relevancia en la medida en que contribuyó a destruir todo lo que concierne a esa odiosa institución.
Pero, por el contrario, nuestra lucha fue insignificante en lo tocante a la construcción de la sociedad libre de los trabajadores y de sus estructuras, que habrían permitido que prosperara fuera del alcance del Estado y de sus instituciones opresoras.
El hecho de que los comunistas libertarios o anarcosindicalistas no supiéramos anticipar las secuelas de la revolución rusa y que falláramos en desarrollar al tiempo nuevas formas de vida social, llevó a muchos de nuestros grupos y organizaciones a vacilar en cuanto a la estrategia revolucionaria a adoptar.
Si queremos en lo futuro evitar caer de nuevo en los mismos errores cuando se presente una situación revolucionaria y para mantener la cohesión y la coherencia interna de nuestra línea organizativa, debemos en primer lugar agrupar todas nuestras fuerzas en una organización activa y seguidamente definir nuestra concepción constructiva económica, social, local y territorial, perfilándola al detalle (soviets libres) y, muy especialmente, describir con amplitud su misión revolucionaria básica en la lucha contra el Estado. La vida contemporánea y la revolución rusa lo requieren.
Aquellos que hayan estado involucrados de verdad en las filas obreras y campesinas, participando activamente en las victorias y las derrotas de su campaña, sin lugar a dudas llegarán a nuestras mismas conclusiones, y muy especialmente en que la lucha contra el Estado debe mantenerse hasta que éste haya sido erradicado: deberán ser conscientes también de que el papel más importante en esa tarea es el de las fuerzas armadas revolucionarias.
Es esencial que la acción de éstas esté coordinada con el conjunto social y económico, así como que la población trabajadora se autoorganice desde los primeros días de la revolución de modo que pueda mantenerse fuera del alcance de todas las estructuras estatistas.
Desde este mismo momento, los anarquistas deben centrar su atención en este aspecto de la revolución. Tienen que estar convencidos de que si las fuerzas armadas revolucionarias están organizadas, sea en grandes unidades o en pequeños destacamentos locales, no pueden sino derrotar a los titulares y defensores del Estado y por ello crear las condiciones necesarias para que el pueblo laborioso desarrolle la revolución, de modo que se corte todo lazo con el pasado y se comience a examinar hasta el menor detalle el proceso de construcción de unas nuevas relaciones socioeconómicas.
El Estado será, sin embargo, capaz de de aferrarse a algunos enclaves locales e intentará interponer variados obstáculos en el camino de la nueva vida de los trabajadores, entorpeciendo el crecimiento y el desarrollo armónico de las nuevas relaciones basadas en la emancipación integral del ser humano.
La liquidación total y definitiva del Estado sólo puede producirse en la medida en que la lucha de los trabajadores se desarrolle en los parámetros más libertarios posibles, determinando los trabajadores por sí mismos las estructuras de su acción social. Estas estructuras deberán asumir la forma de órganos de autogestión económica y social, al modo de los soviets libres "antiautoritarios". Los trabajadores revolucionarios y, de éstos, los más avanzados (los anarquistas) deben analizar la naturaleza y la estructura de estos soviets y especificar para el futuro sus funciones revolucionarias. Y tener presente, sobre todo, que la evolución positiva y el desarrollo del anarquismo en las filas de aquéllos que deben liquidar el Estado por sí mismos a fin de construir una sociedad libre, dependerá de ello.
Delo Truda, No.17, Octubre de 1926, pp. 5-6
El horror a la revolución.
(El siguiente texto fue escrito por uno de los mas importantes revolucionarios mexicanos de todos los tiempos: Ricardo Flores Magón. Este texto es trascendental para entender lo que está detrás del hipócrita discurso de los políticos capitalistas, que se llenan la boca hablando de "paz", pero que día a día contribuyen a sostener un sistema basado, por su naturaleza misma, en una guerra permanente contra los trabajadores y los pobres del mundo entero).
«No queremos luchas fratricidas, no queremos sangre, no queremos guerra», dicen los timoratos. Y hablan en seguida de los horrores de la matanza: la sangre corriendo en abundancia, la atmósfera cargada de espesos humos, el ruido ensordecedor de las armas de fuego; sangre, agonía, muerte, incendio, ¡qué horror!
¡Qué horror! En verdad, compañeros, nada tiene de agradable el espectáculo que ofrece la guerra; pero la guerra es necesaria. Es necesaria la guerra cuando hay algo que se opone a la conquista del bienestar.
Es horrible la guerra, cuesta muchas vidas, muchas lágrimas y muchos dolores; pero ¿qué decir de la paz? ¿Qué decir, compañeros, de la paz bajo el presente sistema de explotación capitalista y de barbarie gubernamental? ¿Garantiza siquiera la vida esta paz?
Por horrible que sea la guerra, no sobrepasa en horror a la paz. La paz tiene sus víctimas, la paz es sombría; pero no porque la paz, por sí misma, sea mala, sino por el conjunto de circunstancias que la componen en la actualidad. Sin necesidad de que haya guerra, hay víctimas en tiempo de paz, y, según las estadísticas, las víctimas en tiempo de paz son más numerosas que las víctimas en tiempo de guerra.
Basta con leer todos los días los periódicos de información para convencerse de que es una verdad lo que digo. Ya es una mina que se desploma y aplasta a centenares o miles de trabajadores, o bien, un tren que descarrila y produce la muerte de los pasajeros; o un buque que se hunde y sepulta en el fondo del mar a muchas personas. La muerte espía al ser humano en todos los momentos de su existencia. El trabajador cae de los andamios y se despedaza el cuerpo. Otro, manejando una máquina, se corta un brazo, una pierna y queda mutilado o muere. El número de personas que mueren anualmente en virtud de catástrofes mineras, ferroviarias, marítimas y de otra naturaleza es verdaderamente alarmante. Los que mueren como consecuencia de incendios de teatros, hoteles y casas alcanzan una cifra desesperante cada año.
Pero no es esto todo: las condiciones de insalubridad en que se efectúa el trabajo en las fábricas y los talleres; lo fatigoso de las tareas; la incomodidad e insalubridad de las viviendas de los trabajadores ¾forzados a vivir en verdaderas zahúrdas¾; la suciedad de los barrios obreros; la mala alimentación que el trabajador pueda conseguir por los salarios miserables que gana; la adulteración de los artículos alimenticios; la inquietud en que vive el hombre de trabajo, que teme que de un momento a otro no podrá llevar pan a la familia; y el disgusto que produce el hecho de encontrarse bajo la influencia del polizonte, bajo la influencia de leyes bárbaras dictadas por el estúpido egoísmo de las clases encumbradas, bajo la influencia de monigotes descerebrados que la hacen de autoridad; todo ello: insalubridad, mala alimentación, trabajo fatigoso, inquietud por el porvenir, disgusto del presente, minan la salud de las clases pobres, engendran enfermedades espantosas como la tisis, el tifo y otras que diezman a los desheredados y cuyos estragos alcanzan a todos: a hombres, a mujeres, ancianos y niños. Lo que no ocurre con la guerra, en la que es raro el caso del atropello a los ancianos, a las mujeres y a los niños, a no ser que se trate de un tirano bestial ¾como Porfirio Díaz¾, para quien no hay en esta vida criatura respetable. El tigre hinca los colmillos indistintamente en las carnes de un viejo, de una mujer o de un niño.
Todas estas calamidades, que sufre la humanidad en tiempo de paz son el resultado de la impotencia del gobierno y de la ley para hacer la felicidad de los pueblos por la sencilla razón de que tanto el gobierno como la ley no son otra cosa que los guardianes del capital, y el capital es nuestra cadena común. El capital quiere ganancias y, por lo tanto, no se preocupa de la vida humana. El dueño de una mina no se preocupa porque el lugar de trabajo ofrezca riesgos para la vida de los obreros; no hace las obras necesarias para que el trabajo se efectúe en la mina en condiciones de seguridad que garanticen la vida de los mineros. Por eso se desploman las minas, ocurren explosiones, los obreros se desprenden de los elevadores y hay otros muchos siniestros. El capitalista tendría que ganar menos si protegiese la vida de sus operarios, y prefiere que éstos revienten en una catástrofe; que las viudas y los huérfanos perezcan de hambre o se prostituyan para poder vivir, a gastar algunas sumas en favor de los que con su trabajo lo enriquecen, de los que con su sacrificio lo hacen feliz.
Igual cosa puede decirse de los desastres ferrocarrileros y marítimos. El mal material de que están construidos los barcos, los coches y las locomotoras, para obtener todo eso al menor costo posible, y el deterioro que se opera en ellos con el uso; el hecho de que las compañías tienen que usarlo todo hasta su máximum de duración para gastar menos, añadiéndose a todo esto el mal estado de las vías, que hay que componer lo menos posible para sacar mayores utilidades, hacen que la inseguridad sea efectiva e inminentes las catástrofes.
La ganancia que quiere el capital es, también, la causa de que el trabajado en las fábricas y talleres se haga en condiciones de insalubridad manifiesta. EL capitalista tendría que gastar dinero para que las condiciones higiénicas de los lugares de trabajo fueran buenas, y es precisamente lo que no quiere. La salud y la vida de los trabajadores no entran en los cálculos de los capitalistas. Ganar dinero, no importa cómo, es la divisa de los señores burgueses.
La miseria, por sí sola, es más horrible que la guerra, y causa más estragos que ella. El número de niños que mueren cada año es fabuloso; el número de tuberculosos que mueren cada año, es, igualmente, admirable. Esos fallecimientos se deben a la miseria, y la miseria es el producto del sistema capitalista.
¿Por qué temer a la guerra? Si se tiene que morir aplastado por la tiranía capitalista y gubernamental en tiempo de paz, ¿por qué no morir mejor combatiendo lo que nos aplasta? Es menos espantoso que se derrame sangre que conquista la libertad y el bienestar, que continúe derramándose bajo el actual sistema político y social en provecho de nuestros explotadores y tiranos.
Además, la guerra no produce tantas víctimas como la paz bajo el actual sistema. El número de personas que resultan muertas en una batalla o en un encuentro es reducidísimo en comparación con el número de hombres que han entrado en juego por ambas partes combatientes; y si fuera posible que toda una nación estuviese en revolución, si ese estado de guerra durase un año, al final de ese tiempo se vería que, por las dificultades que había tenido el capitalismo para explotar a los trabajadores por hallarse la mayor parte de éstos con las armas en la mano, el número de defunciones había decrecido, o al menos había sido igual al de los años pasados en paz. Esto ha podido comprobarse en países que han estado en revolución. Los trabajos se suspenden por el estado de guerra; los trabajadores cambian el malsano género de vida de la fábrica, del taller o de la mina, por la vida sana al aire libre, comiendo carne en abundancia, haciendo saludable ejercicio, y, sobre todo, teniendo reanimado el espíritu con la esperanza de cambiar de condición, o simplemente satisfechos de levantar el rostro y de sentirse libres enfrente de sus amos espantados.
Es mejor morir atravesado por una bala defendiendo su derecho y el bienestar de sus hermanos, que perecer aplastado, como un gusano, bajo los escombros de la mina, o triturado por la maquinaria, o en una agonía penosa y lenta en un rincón de la negra covacha.
Gritemos con todas nuestras fuerzas: ¡Viva la revolución! ¡Muera la paz capitalista!
Ricardo Flores Magón
Regeneración, 17 de diciembre de 1910
17/09/2006
El Sistema Capitalista
por: Miguel Bakunin
¿Es preciso repetir los argumentos irrefutables del socialismo, los argumentos que ningún economista burgués ha conseguido destruir? ¿Qué es la propiedad, que es el capital, bajo su forma actual? Para el capitalista y para el propietario es el poder y el derecho, garantizados y protegidos por el Estado, de vivir sin trabajar, y como ni la propiedad ni el capital producen absolutamente nada cuando no están fecundados por el trabajo, es el poder y el derecho de vivir por el trabajo ajeno, de explotar el trabajo de aquellos que, no teniendo ni propiedad ni capitales, están forzados a vender su fuerza productiva a los felices detentadores de la una y de los otros.
Advertid que dejo aquí absolutamente a un lado esta cuestión: ¿Por qué vías y como ha caído la propiedad y el capital en manos de sus detentadores actuales? Cuestión que, cuando es considerada desde el punto de vista de la historia, de la lógica y de la justicia, no puede ser resuelta de otro modo que contra los detentadores. Me limito a constatar simplemente que los propietarios y los capitalistas en tanto que viven, no de su trabajo productivo, sino de la renta de sus tierras, del alquiler de sus construcciones, y de los intereses de sus capitales, o bien de la especulación sobre sus tierras y sus construcciones y sobre sus capitales, o bien de la explotación comercial o industrial del trabajo manual del proletariado -especulación y explotación que constituyen sin duda una especie de trabajo, pero un trabajo perfectamente improductivo (según eso también los ladrones y los reyes trabajan)- que todas esas gentes digo, viven en detrimento del proletariado.
Sé muy bien que esa manera de vivir es infinitamente honrada en todos los países civilizados; que es expresa y tiernamente protegida por todos los Estados, y que los Estados, las religiones, todas las leyes jurídicas, criminales y civiles, todos los gobiernos políticos, monárquicos y republicanos, con sus inmensas administraciones policiales, judiciales, y con sus ejércitos permanentes, no tienen propiamente otra misión que la de consagrarla y protegerla. En presencia de autoridades tan poderosas y tan respetables, no me permito, pues, preguntar siquiera si esa manera de vivir, desde el punto de vista de la justicia humana, de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad humana es legitima. Me pregunto simplemente: En esas condiciones la fraternidad y la igualdad entre los explotadores y explotados, y la justicia, así como la libertad para los explotados, ¿son posibles?
Supongamos también, como lo pretenden los señores economistas burgueses, y con ellos todos los abogados, todos los adoradores y creyentes del derecho jurídico, todos esos sacerdotes del derecho criminal y civil, supongamos que esa relación económica de los explotadores frente a los explotados, y la justicia, así como la libertad para ellos es consecuencia fatal, el producto de una ley social eterna e indestructible: permanece una verdad que la explotación excluye la fraternidad y la igualdad.
Excluye la igualdad económica; eso se entiende por si mismo. Supongamos que soy su trabajador y usted mi patrón. Si le ofrezco mi trabajo al mas bajo precio posible, si consiento en hacerle vivir con el producto de mi trabajo, no es por abnegación, ni por amor fraternal hacia usted -ningún economista burgués se atreverá a afirmarlo, por idílicos e ingenuos que sean los razonamientos de estos señores cuando se ponen a hablar de las relaciones y de los sentimientos recíprocos que deberían existir entre los patrones y los obreros-, no, lo hago porque si no lo hiciese yo y mi familia moriríamos de hambre. Por tanto, estoy obligado a venderle mi trabajo al mas bajo precio posible, estoy obligado a ello por el hambre.
Pero -dicen los economistas- los propietarios, los capitalistas, los patrones, están igualmente forzados a buscar y a comprar el trabajo del proletario. Es verdad, están obligados a ello, pero no igualmente. ¡Ah, si hubiese igualdad entre el que demanda y el que ofrece, entre la necesidad de comprar el trabajo y la de venderlo, no existirían la esclavitud y la miseria del proletariado! Pero es que entonces no habría tampoco ni capitalistas ni propietarios, ni proletariado, ni ricos ni pobres; no habría nada más que trabajadores. Los explotadores no son y no pueden ser tales precisamente más que porque esa igualdad no existe.
No existe, porque en la sociedad moderna, donde la producción de las riquezas se hace por la intervención del capital asalariado del trabajo, el crecimiento de la población es mucho mas rápido que el de la producción, de donde resulta que la oferta del trabajo debe sobrepasar siempre necesariamente a la demanda, lo que tiene que tener por consecuencia infalible la disminución relativa de los salarios. Constituida así la producción, monopolizada, explotada por el capital burgués, se encuentra empujada, por una parte, mediante la concurrencia que se hacen los capitalistas entre si, a concentrarse cada día mas en manos de un numero cada vez mas pequeño de capitalistas muy poderosos -pues los pequeños y medianos capitales sucumben naturalmente en esa lucha asesina, ya que no pueden producir con los mismos gastos que los grandes-, o en manos de sociedades anónimas, mas poderosas por la reunión de sus capitales que los mas grandes capitalistas aislados; por otra parte, es obligada por esa misma concurrencia a vender sus productos al mas bajo precio posible. No puede llegar a ese doble resultado mas que rechazando un numero mas y mas considerable de pequeños y medianos capitalistas, especuladores, comerciantes e industriales, del mundo de los explotadores hacia el del proletariado explotado, y haciendo al mismo tiempo economías progresivas sobre los salarios de ese mismo proletariado.
Por otro lado, la masa del proletariado aumenta siempre, por el crecimiento natural de la población, que la miseria misma, como se sabe, no detiene apenas, y por la remisión a su seno de un numero creciente de burgueses en otro tiempo propietarios, capitalistas, comerciantes e industriales -y aumentando, como acabo de decirlo, en una proporción mas fuerte que las necesidades de la producción explotada en comandita por el capital burgués--, resulta de ello una concurrencia desastrosa entre los trabajadores mismos; porque no teniendo otro medio de existencia que su trabajo manual, son impulsados, por el temor a verse reemplazados por otros, a vender su trabajo al mas bajo precio posible. Esta tendencia de los trabajadores, o mas bien esa necesidad a que se ven condenados por su miseria, combinada con la tendencia mas o menos forzada de los patronos a vender sus productos a sus trabajadores, al mas bajo precio posible, reproduce constantemente y consolida la miseria del proletariado. Siendo pobre, el obrero debe vender su trabajo casi por nada, y por que lo vende casi por nada, se vuelve más y más pobre.
Sí, mas pobre, verdaderamente. Por que en ese trabajo forzado, las fuerzas productivas del obrero, abusivamente aplicadas, despiadadamente explotadas, excesivamente gastadas y muy mal nutridas, se gastan pronto; y una vez que se han gastado, ¿Qué vale en el mercado su trabajo, que vale esa única mercancía que posee y cuya venta cotidiana le hace vivir? Nada. ¿Y entonces? Entonces no le queda otro remedio que morir.
¿Cuál es en un país dado, el más bajo salario posible? Es el precio de lo que es considerado por los proletarios de ese país, como absolutamente necesario para el mantenimiento de un hombre. Los economistas burgueses de todos los países están de acuerdo en este punto.
Turgot, aquel a quien se convino en llamar el virtuoso ministro de Luis XVI, y que era realmente un hombre de bien, dijo:
"El simple obrero que no tiene mas que sus brazos, no tiene nada, mas que en tanto que llegue a vender a otros su esfuerzo. Lo vende más o menos caro; pero ese precio más o menos alto, no depende de él solo: depende del acuerdo que forma con aquel que paga su trabajo. Este le paga lo menos caro que puede; como tiene elección entre un gran número de obreros, prefiere el que trabaja mas barato. Los obreros están, pues, forzados a bajar el precio en competencia los unos con los otros. En todo género de trabajo, debe suceder que el salario del obrero se limita a lo que le es necesario para procurarle la existencia" (Reflexion sur la formation et la distribution des richesses).
J. B Say, el verdadero padre de los economistas burgueses en Francia, dice también:
"los salarios son tanto mas elevados cuanto mas demanda existe para el trabajo y menos oferta, y se reducen a medida que el trabajo del obrero es mas ofrecido y menos demandado. Es la relación de la ofertan con la demanda la que regula los precios de esa mercancía llamada el trabajo del obrero, como regula los precios de todos los otros servicios públicos. En cuanto los salarios van un poco más allá de la tasa necesaria para que las familias de los obreros puedan mantenerse, los hijos se multiplican y una oferta más grande se pone pronto en proporción con una demanda más amplia. Cuando, al contrario, la demanda de trabajadores es inferior a la cantidad de gentes que se ofrecen para trabajar, sus ganancias declinan por debajo de la tasa necesaria para que la clase pueda mantenerse en el mismo número. Las familias más cargadas de hijos desaparecen; desde entonces la oferta de trabajo declina y siendo el trabajo menos ofrecido, el precio sube... De suerte que es difícil que el precio del trabajo del simple jornalero se eleve o se disminuya por encima o debajo del nivel de tasa necesario para mantener la clase (de los obreros, el proletariado) en el numero de que se tiene necesidad" (Cours complet d'economie politique)
"El precio, como el valor (en la economía social actual) es cosa esencialmente móvil, por consecuencia, esencialmente variable, y que, en sus variaciones, no se regula mas que por la concurrencia, concurrencia, no olvidemos, que como convienen Turgot y Say tiene por efecto necesario no dar en salario al obrero mas que lo que le impide justamente morir de hambre, y mantiene la clase en el numero de que se tiene necesidad" (Histoire de la Révolution; Louis Blanc.)
Por tanto, el precio corriente de los estricto necesario es la medida constante, ordinaria, por encima de la cual ni puede elevarse largo tiempo ni mucho los salarios de los obreros, pero por bajo de la cual caen muy a menudo, lo que tiene siempre por consecuencia la inanición, las enfermedades y la muerte, hasta que haya desaparecido un numero suficiente de trabajadores para hacer la oferta del trabajo no igual si no conforme a la demanda.
Lo que los economistas llaman la igualdad entre la oferta y la demanda no constituyen todavía la igualdad entre el demandante y los que ofertan. Supongamos que yo, fabricante, tenga necesidad de 100 trabajadores y que se presenten en el mercado 100 -solamente 100- por que si se presentan mas, la oferta superaría a la demanda, habría desigualdad evidente en detrimento de los trabajadores, y por consiguiente disminución de salarios. Pero, puesto que no se han presentado mas que ese numero preciso, ni mas ni menos, parece a simple vista que hay igualdad perfecta: pues la oferta y la demanda, que son iguales en un mismo numero, son necesariamente iguales entre si. ¿Se desprende de eso que los obreros podrían exigir de mi un salario y condiciones de trabajo que les aseguren los medios de una existencia verdaderamente libre, digan y humana? De ningún modo. Si les concediese ese salario y esas condiciones, yo, capitalista, no ganaría más que ellos, y no lo ganaría aun más que a condición de trabajar como ellos. Pero entonces, ¿para que diablos iría a atormentarme y a arruinarme ofreciéndoles las ventajas de mi capital? Si quiero trabajar como ellos trabajan, colocare el capital en otra parte a interés lo mas elevado posible y ofreceré yo mismo mi trabajo a algún otro capitalista, como ellos me lo ofrecen a mi.
Si, aprovechándome de la potencia de iniciativa que me da mi capital, pido a esos trabajadores que vengan a fecundarlo con su trabajo, no es por simpatía hacia sus sufrimientos, ni por espíritu de justicia, ni por amor a la humanidad. Los capitalistas no son filántropos, se arruinarán en ese oficio. Es porque espero poder sacar de su trabajo una ganancia suficiente para vivir convenientemente y engrandecer mi querido capital al mismo tiempo, sin tener necesidad de trabajar. O bien trabajare también, pero de otro modo que mis obreros. Mi trabajo será de otra naturaleza y será infinitamente mejor retribuido que el suyo. Será un trabajo de administración y de explotación, no de producción.
Pero el trabajo administrativo, ¿no es un trabajo productivo? Sin duda, lo es, porque sin una buena e inteligente administración, el trabajo manual no produciría nada, o produciría poco y mal. Pero desde el punto de vista de la justicia y de la utilidad de la producción misma, no es de ningún modo necesario que ese trabajo sea monopolizado en mis manos, y sobre todo, que sea retribuido mas que el trabajo manual. Las asociaciones cooperativas han demostrado que los obreros saben y pueden administrar muy bien las empresas industriales, por obreros que eligen en su seno y que reciben la misma retribución que los otros. Por tanto, si concentro el poder administrativo en mis manos, no es para utilidad de la producción, es por mi propia utilidad, por la de la explotación. Como amo absoluto de mi establecimiento, percibo por mi jornada de trabajo diez, veinte, y si soy un gran industrial, con frecuencia cien veces más de lo que mi obrero perciba por la suya, a pesar de que mi trabajo sea, sin comparación, menos penoso que el suyo.
Pero el capitalista, el jefe de un establecimiento, corre riesgos, se dice, mientras que el obrero no corre ninguno. Esto no es verdad, porque aun desde ese punto de vista todas las desventajas están de parte del obrero. El jefe de un establecimiento puede conducir mal sus negocios, puede ser liquidado por las concurrencias, o bien ser victima de una gran crisis comercial o de una catástrofe imprevista; en una palabra, puede arruinarse. Esto es verdad. Pero veamos, ¿habéis visto a industriales burgueses arruinarse y verse reducidos a un gasto tal de miseria que ellos y los suyos mueran de hambre, o se vean forzados a descender al estado de jornaleros, al estado de obreros? Eso no llega casi nunca, se puede decir que nunca. Ante todo es raro que un industrial no conserve alguna cosa, por arruinado que parezca. En el tiempo que corre, todas las bancarrotas son más o menos fraudulentas. Pero si no se ha conservado absolutamente nada, le quedan siempre sus alianzas de familias, sus relaciones sociales, que, con ayuda de la instrucción que su capital perdido le había permitido adquirir y dar a sus hijos, le permiten colocar a estos y a si mismo en el alto proletariado, en el proletariado privilegiado; sea en alguna función del estado, sea como administrador asalariado de una empresa comercial o industria, sea, en fin, como dependiente, con una retribución de su trabajo siempre superior a la que había pagado a sus obreros.
Los riesgos del obrero son infinitamente más grandes. Ante todo, si el establecimiento en que esta empleado va a la bancarrota, queda algunos días y a menudo algunas semanas sin trabajo; y para el, eso es mas que la ruina, es la muerte; porque come cada día todo lo que gana. Los ahorros del trabajador son un cuento de hadas inventado por los economistas burgueses para adormecer el débil sentimiento de justicia, los remordimientos que pudieran despertarse por casualidad en el seno mismo de su clase. Ese cuento ridículo y odioso no adormecerá nunca las angustias del trabajador. Sabe lo que le cuesta satisfacer las necesidades diarias de su numerosa familia. Si tuviese ahorros, no enviaría a sus pobres hijos, desde la edad de seis años, a agotarse, a debilitarse, a hacerse física y moralmente asesinar en las fabricas donde están forzados a trabajar noche y día, una jornada de doce y con frecuencia de catorce horas.
Si acontece algunas veces que el obrero hace algún pequeño ahorro, es consumido bien pronto por los días de paro forzoso que interrumpen demasiado a menudo y demasiado cruelmente su trabajo, tanto como por los accidentes imprevistos y las enfermedades que pueden sobrevenir en su familia. En cuanto a los accidentes y a las enfermedades que pueden alcanzarle a el mismo, constituyen un riesgo en comparación del cual todos los riesgos del jefe del establecimiento, del patrón, no son nada: porque para el obrero, la enfermedad que lesiona la única riqueza que posee, su facultad productiva, su fuerza de trabajo, sobre todo la enfermedad prolongada, es la mas terrible bancarrota, una bancarrota que significa, para sus hijos y para él, el hambre y la muerte.
Se ve bien que con las condiciones que yo, capitalista que necesito 100 obreros para fecundar mi capital, ofrezco a esos obreros, todas las ventajas son para mí, todas las desventajas son para ellos. No les propongo ni más ni menos que explotarlos, y si quisiese ser sincero, de lo que sin duda me guardare bien, les diría:
"Ved, queridos hijos, tengo ahí un capital que en rigor no debería producir nada, porque una cosa muerta no puede producir nada, no hay nada de productivo fuera del trabajo. Si fuese así, no podría sacar de el otro provecho que el de consumirlo improductivamente y, una vez que lo haya consumido, no tendré nada. Pero gracias a las instituciones sociales y políticas que nos rigen y que están todas a mi favor, en la organización económica actual mi capital es supuesto como productor también: me da intereses. Sobre quien deben ser tomados esos intereses -y deben serlo sobre alguno, pues en realidad por si mismo no produce nada en absoluto-, eso no os atañe. Bastaos saber que rinde intereses. Solo que esos intereses son insuficientes para cubrir mis gastos. No soy un hombre tosco como vosotros, no puedo ni quiero contentarme con poco. Quiero vivir, habitar una hermosa casa, comer y beber bien, pasear en carroza, aparentar, en una palabra, procurarme todos los goces de la vida. Quiero también dar una buena educación a mis hijos, hacerlos señores y enviarles a estudiar, a fin de que, mucho mas instruidos que los vuestros, puedan dominarlos un día como os domino yo hoy. Y como la instrucción sola no basta, quiero dejarles una gran herencia, para que al repartirla entre ellos queden al menos tan ricos como yo. Por consiguiente, además de los goces que quiero darme, quiero también acrecentar mi capital. ¿Cómo haré para llegar a ese fin? Armado de ese capital me propongo explotarlos, y os propongo que os dejéis explotar por mí. Vosotros trabajareis y yo recogeré y me apropiare y venderé por mi propia cuenta el producto de vuestro trabajo, no dejándoos más que la parte absolutamente necesaria para que no muráis de hambre hoy, a fin de que mañana podáis trabajar aun parar mi en las mismas condiciones; y cuando os haya agotado, os expulsare y os reemplazare por otros. Sabedlo bien, os pagaré un salario tan pequeño, y os impondré una jornada tan larga, condiciones de trabajo tan severas, tan despóticas, tan duras como sea posible; no por maldad -no tengo motivo para odiaros, ni para hacerlos mal-, sino por amor a la ganancia y para enriquecerme mas pronto; porque cuanto menos os pague y más trabajéis vosotros, mas ganare."
He ahí lo que dice implícitamente todo capitalista, todo empresario de industria, todo jefe de establecimiento, todo el que hace demanda de brazos, a los trabajadores que recluta.
Pero, puesto que la oferta y la demanda son iguales, se dirá, ¿por qué los obreros habrían de aceptar tales condiciones? Teniendo el capitalista tanta necesidad de ocupar los 100 obreros como los 100 obreros de ser ocupados por el, ¿no se deduce que el primero, como cada uno de los segundos, están en condiciones perfectamente iguales? ¿No llegan ambos al mercado como dos mercados igualmente libres, desde el punto de vista jurídico al menos, aportando, el uno una mercancía que se llama salario, sea por día o a termino, que quiere cambiar contra otra mercancía que se llama trabajo del obrero, de tantas horas por día, y el otro su mercadería, que se llama su propio trabajo diario y que quiere cambiar contra el salario ofrecido por el capitalista. Puesto que, en nuestra suposición, la demanda es de 100 trabajadores, y la oferta es de 100 trabajadores también, parece que en ambas partes las condiciones son iguales.
No, no lo son de ningún modo. ¿Qué es lo que hace que el capitalista vaya al mercado? Es la necesidad de enriquecerse, de agrandar su capital y de procurarse la satisfacción de todas las ambiciones y vanidades sociales, de darse todos los goces imaginables. ¿Qué es lo que lleva halla al obrero? Es la necesidad de comer hoy y mañana, es el hambre. Por consiguiente, iguales desde el punto de vista de la ficción jurídica, el capitalista y el obrero no lo son de ningún modo desde su situación económica o real. El capitalista no esta amenazado por el hambre al llegar al mercado; sabe muy bien que si no encuentra hoy los trabajadores que busca, tendrá siempre algo que comer durante mucho tiempo, gracias a ese capital del que es el feliz poseedor. Si los obreros que encuentra en el mercado le hacen proposiciones que le parecen exageradas, porque, lejos de agrandar su fortuna y de mejorar aun mas su situación económica, esas proposiciones y esas condiciones podrían, no digamos igualar, si no solo acercarlo un poco a la situación económica de esos mismo obreros de quienes quiere comprar el trabajo, ¿Qué hace entonces? Los rehúsa y espera. No siendo lo que le apremia la necesidad, si no el deseo de mejorar una posición que, comparada con la de los obrero es muy confortable, puede esperar; y esperara, por que la experiencia de los negocios le enseño que la resistencia de los obreros que, no teniendo ni capitales, ni confort, ni grandes ahorros, son apremiados por la necesidad despiadada del hambre, que esa resistencia no puede durar largo tiempo y que encontrara en fin los 100 obrero que busca y que serán forzados a aceptar las condiciones que encuentre útil para si mismo imponerles. Si estos las rechazan, otros vendrán, otros vendrán que se consideraran felices aceptándolas. Es así como suceden las cosas cada día a vista y a conocimiento de todo el mundo.
Si, como consecuencia de circunstancias particulares que influyen de una misma manera mas constante sobre el estado del mercado, la rama de industria en que había proyectado primero empleara su capital no le ofrece todas las ventajas que había esperado, entonces aplicara ese mismo capital a otra rama; pues el capital burgués no esta ligado por su naturaleza a ninguna industria especial, si no que fecunda como dicen los economistas -explota, diremos nosotros-indefinidamente todas las industrias posibles. Supongamos en fin, que, sea incapacidad, sea desgracia independiente de su saber y de su voluntad, no consigue colocarlo en ninguna industria; y bien, comprara acciones y rentas; y si los intereses y dividendos que persigue le parecen insuficientes, se comprometerá en algún servicio es decir, venderá su trabajo, a su vez, pero en condiciones mucho mas lucrativas para si que las que había propuesto a sus obreros.
El capitalista va, pues, al mercado como hombre, si no absolutamente libre, al menos infinitamente más libre que el obrero. Es el encuentro del lucro con el hambre, del amo con el esclavo. Jurídicamente son iguales; económicamente el obrero es el siervo del capitalista, aun antes de la concesión del tratado por el cual venderá a termino su persona y su libertad, porque esa amenaza terrible del hambre, que esta suspendida cada día sobre el y sobre su familia, le forzara a aceptar todas las condiciones que le sean impuestas por los cálculos lucrativos del capitalista, del jefe de industria, del patrón.
Una vez que el trato es concretado, la servidumbre del obrero se hace doble; o más bien, antes de haber concertado ese trato, aguijoneado por el hambre, no era siervo más que en potencia; después de haberlo concertado, se vuelve siervo efectivo. Porque, ¿Cuál es la mercadería que ha vendido a su patrón? Es su trabajo, su servicio personal, la fuerza productiva corporal, intelectual y moral, que se encuentra en el y que es inseparable de su persona, pues, es su propia persona. En lo sucesivo el patrón velara sobre el, sea discretamente, sea por medio de sus capataces, el patrón será cada día, durante las horas y en las condiciones convenidas, el dueño de sus actos y de sus movimientos. Le dirá: "harás esto" y obrero estará obligado a hacerlo; o bien "iras allí" y deberá ir. ¿No es eso lo que se llama servidumbre?
El señor Carlos Marx ilustre jefe del comunismo alemán observa justamente, en su magnifica obra "El Capital" que si el contrato que se concluyo libremente entre los vendedores de dinero, bajo la forma de salario, en tales condiciones de trabajo, y los vendedores de su propio trabajo, es decir, entre los patrones y lo obreros, en lugar de ser concluido a termino solamente, fuese concluido por toda la vida, constituiría una esclavitud real. Concluido a termino y reservando al obrero la facultad de dejar a su patrón, no constituye mas que una especie de servidumbre voluntaria y pasajera. Si, pasajera y voluntaria solo desde el punto de vista jurídico, pero de ningún modo desde el de la posibilidad económica. El obrero tiene siempre el derecho de abandonar a su patrón, pero, ¿dispone de los medios?
Y si lo abandona, ¿será para comenzar una existencia libre en la que no tendrá otro patrón mas que a si mismo? No, será para venderse a un nuevo patrón. Será impulsado a ello fatalmente por esa misma hambre, esa libertad del obrero que exaltan tanto los economistas, los juristas y los republicanos burgueses, no es mas que una libertad teórica sin ningún medio de realización posible, por consiguiente una libertad ficticia, una mentira. La verdad es que toda la vida del obrero no presenta otra cosa que una continuidad desoladora de servidumbre a término, jurídicamente voluntarias, pero económicamente forzadas, una permanencia de servidumbres, momentáneamente interrumpidas por la libertad acompañada del hambre y por consiguiente una real esclavitud.
Esa esclavitud se manifiesta, en la práctica de cada día, de todas las maneras posibles. Al margen de las condiciones ya tan vejatorias del contrato, que hacen que hacen del obrero su subordinado, un servidor obediente y pasivo, y del patrón un amo casi absoluto, es notorio que no existe casi un establecimiento industrial donde el amo, impulsado por una parte por ese doble instinto del lucro cuyo apetito no ha satisfecho nunca y del amo que quiere hacer sentir su omnipotencia, y por la otra, aprovechándose de la dependencia económica en la que se encuentra el obrero, no contraviene esas condiciones en su beneficio y en detrimento del obrero: ya al exigirle mas horas o medias horas o cuartos de hora de trabajo que no había convenido, ya al disminuir su salario bajo un pretexto u otro, ya cargándole de multas arbitrarias o tratándole duramente, de una manera impertinente y grosera. Pero entonces el obrero debe abandonarlo, se dirá. Eso es fácil de decir, pero no siempre fácil de ejecutar. Algunas veces el obrero ha recibido avances, su mujer o sus hijos están enfermos, o bien la obra en su rama de industria esta mal remunerada. Otros patronos pagan aun menos que el suyo y, al dejarlo, no esta siempre seguro de encontrar otro. Y para el, hemos dicho, quedar sin trabajo es la muerte. Por lo demás, todos los patronos se entienden y todos se asemejan. Todos son casi igualmente vejatorios, injustos y duros.
¿No es esa una calumnia? No, esta en la naturaleza de las cosas y en la necesidad lógica de las relaciones que existen entre los patronos y sus obreros.
¿Queréis que los hombres no opriman a otros? Haced que no tengan nunca el poder de oprimirlos. ¿Queréis que respeten la libertad, los derechos, el carácter humano de sus semejantes? Haced que estén forzados a respetarlos: No forzados por la voluntad ni por la acción opresiva de otros hombres, ni por la represión del estado y de las leyes, necesariamente representadas y aplicadas por hombres, los que los harían esclavos a su vez, sino por la organización misma del medio social: organización constituida de modo que aún dejando a cada uno el mas entero goce de su libertad no deje a nadie la posibilidad de elevarse por encima de los demás, ni de dominarlos, de otro modo que por la influencia natural de las cualidades intelectuales o morales que poseen, sin que esa influencia pueda imponerse nunca como un derecho ni apoyarse en una institución política cualquiera.
Todas las instituciones políticas, aun las mas democráticas y fundadas en la más vasta aplicación del sufragio universal, aun cuando comiencen, como lo hacen a menudo en su origen, por colocar en el poder a las personas mas dignas, y a las mas liberales, a las mas consagradas al bien común, y a las mas capaces de servirlo, acaban siempre precisamente porque tienen por efecto necesario transformar la influencia y como tal perfectamente legitima de esos hombres, en un derecho, para producir una doble desmoralización, un doble mal.
Primeramente tiene por efecto inmediato y directo el transformar a los hombres realmente libres en ciudadanos llamados libres también y que por una ilusión y una infatuación singulares, continúan considerándose también como los iguales de todo el mundo, pero en realidad están forzados a obedecer en lo sucesivo a los representantes de la ley, a hombres. Y aunque esos hombres, desde el punto de vista económico y social fueran realmente sus iguales, no dejan de ser desde el punto de vista político, los jefes a los cuales, bajo el pretexto del orden publico y en virtud de la llamada voluntad del pueblo, expresada por una resolución no adoptada siquiera por unanimidad, sino por la mayoría de los sufragios, todos los ciudadanos deben una obediencia pasiva, naturalmente en los limites determinados por la ley, limites que, como nos enseña la experiencia de todos los países, se extienden mucho siempre para el derecho del que manda y se reducen singularmente para el ciudadano que quisiera usar del derecho a la desobediencia legal.
Y bien, declaro que en tanto que los ciudadanos obedezcan a los representantes oficiales de la ley, a los jefes que son impuestos por el Estado, aunque esos jefes sean elegidos por el sufragio universal, son esclavos.
¿Qué es la libertad? ¿Qué es la autoridad? ¿La libertad de los hombres consistirá en la rebelión contra todas las leyes? No, en tanto que esas leyes son naturales, económicas y sociales, leyes no autoritariamente impuestas, sino inherentes a las cosas, a las relaciones, a las situaciones de que expresan el desenvolvimiento natural. Si, en tanto que son leyes políticas y jurídicas impuestas por los hombres a los hombres, sea por el derecho de la fuerza violentamente; sea hipócritamente, en nombre de una religión, o de una doctrina metafísica cualquiera; sea, en fin en virtud de esa ficción, de esa mentira democrática que se llama sufragio universal.
Contra las leyes de la naturaleza, para el hombre no hay rebelión posible; por la simple razón de que él mismo es sino un producto de esa naturaleza y no existe más que en virtud de esas leyes. Rebelarse contra ellas seria, pues, por su parte, una tentativa ridícula, una rebelión contra él mismo, un verdadero suicidio. Y aun cuando el hombre toma la determinación de destruirse, obra también conforme a esas leyes naturales a las que nada, ni el pensamiento, ni la voluntad, ni la desesperación, ni ningún otra pasión ni la vida ni la muerte podrían sustraerse. El mismo no es otra cosa que naturaleza; sus sentimientos mas sublimes, mas monstruosos, las determinaciones mas desnaturalizadas, las mas egoístas o las mas heroicas de su voluntad, sus pensamientos mas abstractos, los mas teológicos, los mas locos todo eso no es más que naturaleza. La naturaleza envuelta penetra, constituye toda su existencia. ¿Cómo podría jamás salir de la naturaleza?
Se puede asombrar uno de que haya podido concebir la idea de salir de ella. Siendo la separación tan completamente imposible, ¿Cómo ha podido soñarla el hombre? ¿De donde procede ese sueño monstruoso? ¿De donde? De la teología, de la ciencia de la nada, y mas tarde de la metafísica, que es la ciencia de la reconciliación imposible de la nada con la realidad.
No hay que confundir la teología con la religión, ni el espíritu teológico con el sentimiento religioso. La religión nace en la vida animal. Es la expresión directa de la dependencia absoluta que todas las cosas, todos los seres que existen en el mundo se encuentran ante el gran todo, ante la naturaleza ante la infinita totalidad de las cosas y de los seres reales.
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